jueves, 20 de octubre de 2011

Verdad verdadera

No digas todo lo que sabes,
No hagas todo lo que puedes,
No creas todo lo que oyes,
No gastes todo lo que tienes;
Porque ...
El que dice todo lo que sabe,
El que hace todo lo que puede,
El que cree todo lo que oye,
El que gasta todo lo que tiene;
Muchas veces ...
Dice lo que no conviene,
Hace lo que no debe,
Juzga lo que no ve,
Gasta lo que no puede.

¿Te gustaría?

Tengo que decirte que nunca había imaginado volver a tenerte cerca de mí, ni que volveríamos a crear el mundo que siempre hemos imaginado. No imaginaba volver a recordar todos estos momentos juntos, y mucho menos volver a vivir. No imaginaba que pudiéramos volver, ni que funcionaría, pero tengo que decir, que si se me ha pasado por la cabeza, que si me pasó pero lo daba por perdido. Como lo he dado hasta ahora. Pero creo que me equivoque, que podemos volver a empezar, en el mismo lugar, pero esta vez tú y yo solos, sin nadie, sólo nosotros, sin tiempo, ni kilómetros, sin aire, sin nada. Sólo tú y yo. ¿Te gustaría?

¿Qué pasaría si...?

Estoy pensando en lo que pasó ayer, y me pregunto:
-¿Que pasaría si lo intentamos?, Pero, y ¿si sale mal?:-¿Que pasará contigo?
-¿Que pasará conmigo?
-¿Que pasará si lloro?
Ya nada será igual.
Pero, ¿y si es mejor mañana?
 ¿Y
si lo intentamos y sale bien? Podríamos ser los más felices, podria ser como un cuento de hadas.
Aunque no me quito de la cabeza la opción de que salga mal. Las heridas del corazón no se curan.
No quiero darte mi corazón y que luego lo rompas para irte con una mejor que yo y que me digas que te gusta más, porque mi mundo se derrumbará.
No sé que hacer.
Piensatelo mejor, cuando te lo hayas pensado mejor me dices que has decidido: si mantenerlo o dejarlo correr.
Si lo mantienes ...
Te podría contestar que sí, y podría ser lo mejor que nos pasara.
También te puedo contestar que no ... No quiero mirar atrás y preguntarme que hubiera pasado.
Lo que nosotros tenemos es algo que está entre la amistad y el amor.
No quiero que sea un juego, no quiero que haga daño ... No quiero echarte de menos.
Pero somos tan diferentes ...
y me sigo preguntando:
-¿Podría salir bien?
¡Intentemos hacerlo! No quiero quedarme con la duda de que hubiera pasado.
No era perfecto, como me habían insinuado, no era el mejor, como me habían intentado convencer, no lo hacía todo bien, como me habían dicho, me gustaría, me habían asegurado ... Sabía que todo lo que me habían dicho no era real, me habían vendido muy bien el "producto". Lo que no imaginaban lo que me había pasado por la cabeza, lo que pensaba, lo que me ocurría, no sabían nada de mí, no sabían cuáles eran mis intereses, cuáles eran mis gustos ... No acertaron en casi nada, él era único, tenía muchos defectos, había cometido muchos errores, no me gustaba. Era verdad, no me gustaba, estaba enamorada. Era especial, estaba claro que no era perfecto, pero le quería, aunque tuviera mil y un defectos, aunque no fuera como habían insistido en que era. Esto era lo que más me gustó, no era como habían dicho, era mejor. Estaba enamorada, quien lo habría dicho que me enamoraría de esta manera de alguien que acababa de conocer. Pero así fue, así ocurrió, así pasó ... así y de ninguna otra manera. Fue una sensación única. Unas cosquillas en la barriga, un latido en el corazón de mil por hora, una felicidad inmensa, una emoción para volver a vivir la mejor experiencia de mi vida. Diciendo esto parece un anuncio de aquellos de páginas web que te buscan pareja. Pero era así, deseaba en todo momento estar con él, todo lo que veía me recordaba, todo lo que olía hacía su olor, las canciones hablaban de lo que me pasaba; volvía a revivir aquella experiencia, pero una versión mejorada. Parecía un cuento de hadas, donde todo es perfecto; donde hay un príncipe con su caballo blanco, y una princesa que lo único que quiere es encontrar el amor de su vida, y un día por casualidad se encuentran y se 'enamoran de repente y se casan y viven felices toda la vida. Un cuento de hadas, sí, eso es lo que era, un cuento de hadas perfecto. Pensaba que ya no me volvería pasar algo así en la vida, pero pasó y doy las gracias a aquellos que me presentaron, porque todo esto, toda esta felicidad que tengo dentro no hubiera sido posible sin ellos. Ahora voy por la calle con una sonrisa en la cara, la gente me pregunta el porqué, yo me limito a pensar en él y me sale una risa tímida, una risa inocente, una risa de enamorada. Lo sé, lo digo, lo grito, lo escribo, lo pienso, lo sueño ... me lo amo demasiado.

Son cosas que pasan.

¿Qué se siente cuando te das cuenta de que no tienes a nadie?
No lo sabes, ¿verdad? No tienes ni idea por lo que estoy pasando ¿no? No sabes lo que es sentirte rechazada hasta por ti misma, no lo sabes, tienes suerte. Estás allí rodeada de amigos y amigas que te quieren, pero no sabes lo que siento yo al ver que a mí nadie me quiere, que soy rechazada por todos, incluido tú. De muchos ya me lo esperaba, pero no de ti. Tú, que siempre habías sido mi amiga, que hemos compartido muchos momentos, momentos felices. Tú, tú y tus amigos, que ya no son mis amigos, os burláis de mí porque no tengo a nadie, porque estoy sola por vuestra culpa, aunque de eso no os dais cuenta. Estoy sola porque vosotros me habéis dejado de lado, no contáis conmigo para nada, no os acordáis de todo lo que hemos vivido juntos todos estos años. Ya no podéis hacer nada, os reis de mí por estar sola y todos los demás también. No os dais cuenta de lo que sufro yo al ver que nadie quiere estar más conmigo y no sé que he hecho para merecer esto, esta tortura diaria, este sentimiento de culpa, esta sensación de soledad y tristeza al ver que estás rodeada de gente que se ríe de ti y no te quiere ni te acepta. Lo peor no es darte cuenta de eso ni tener que sufrirlo cada día, sino darte cuenta que esos que se ríen de ti antes eran tus amigos, con los que lo compartías todo. Eso es lo que más duele, nada duele tanto como darte cuenta que has perdido a tus amigos, bueno, a esos que considerabas tus amigos. Dicen que con el tiempo te vas dando cuenta quien merece la pena y quien no, quien es tu amigo de verdad, quien te apuñala por la espalda, quien te quiere, quien merece estar a tu lado, quien debe irse de tu vida… Te das cuenta de que la vida te da una oportunidad para volver a empezar, una oportunidad para conocer gente nueva, una oportunidad para que empieces a quererte otra vez, una oportunidad para que olvides lo que dolió y empieces una nueva vida. En ésta no todo va a ser perfecto, ya que no existe la perfección, ni te va a gustar todo lo que te pase, pero lo vas a intentar; y vas a intentar olvidar a esos supuestos amigos que te hicieron tanto mal, esos supuestos amigos que te apuñalaron por la espalda dejándote sola, totalmente sola. No tenías a nadie con quien afrontar la cruda realidad, porque ni uno se dignó a estar contigo cuando todos se habían puesto en tu contra, ni uno te ayudó a superar lo peor que te puede pasar en la vida, que todos tus amigos te abandonen. Ni uno se quedó contigo para ayudarte a salir del pozo en que habías caído. Nadie, absolutamente nadie te ayudó.
Por supuesto, no sabes lo que es sentirse así porque nunca te ha pasado, pero cuando te pase no vengas a pedirme consejo ni ayuda, ya que tú no me la diste cuando yo la necesitaba, todo lo contrario, te alejaste aún más de mí.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Las alas son para volar

 Cuando se hizo mayor su padre le dijo: «Hijo mío: no todos nacemos con alas. Si bien es cierto que no tienes obligación de volar, creo que sería una pena que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado».

-Pero yo no sé volar -contestó el hijo.

-Es verdad... -dijo el padre. Y, caminando, lo llevó hasta el borde del abismo de la montaña.

-¿Ves, hijo? Éste es el vacío. Cuando quieras volar vas a venir aquí, vas a tomar aire, vas a saltar al abismo y, extendiendo las alas, volarás.

El hijo dudó.

-¿Y si me caigo?

-Aunque te caigas, no morirás. Sólo te harás algunos rasguños que te harán más fuerte para el siguiente intento -contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo a ver a sus amigos, a sus compañeros, aquellos con los que había caminado toda su vida.

Los más estrechos de mente le dijeron: «¿Estás loco? ¿Para qué? Tu padre está medio loco... ¿Para qué necesita volar? ¿Por qué no te dejas de tonterías? ¿Quién necesita volar?».

Los mejores amigos le aconsejaron: «¿Y si fuera cierto? ¿No será peligroso? ¿Por qué no empiezas despacio? Prueba a tirarte desde una escalera o desde la copa de un árbol. Pero... ¿desde la cima?».

El joven escuchó el consejo de quienes le querían. Subió a la copa de un árbol y, llenándose de coraje, saltó. Desplegó las alas, las agitó en el aire con todas sus fuerzas pero, desgraciadamente se precipitó a tierra.

Con un gran chichón en la frente, se cruzó con su padre.

-Hijo mío -dijo el padre-. Para volar, hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen. Es como tirarse en paracaídas: necesitas cierta altura antes de saltar.

Para volar hay que empezar asumiendo riesgos.

Si no quieres, lo mejor quizá sea resignarse y seguir caminando para siempre.

Concurso Sondra

Estaba andando tranquilamente por la calle, Julio, un chico alto moreno, ojos verdosos, muy guapo. Iba caminando pensando en sus cosas. Había metido las manos en los bolsillos tras haberse puesto los auriculares que le separaban de la realidad. Con su música se había evadido completamente del mundo. Caminaba. No sabía dónde iba, aunque tampoco le importaba, tan solo andaba.

Notó que hacía fresco, un día de otoño en el que no hace sol pero tampoco llueve. Una brisa le produjo un escalofrío que le puso la piel de gallina. Antes de salir su madre le había insistido en que se llevara una chaqueta, pero él defendía que no hacía tanto frío. Iba equivocado.

Estaba pensando en el amor y de pronto le vino a la cabeza la película que el otro día vio con Joel y su novia por Internet, El diario de Noa, pensó en que nunca encontraría al amor de su vida. Le sonaba cursi, pero a sus 17 años nunca había salido con ninguna chica, ni se había enamorado de nadie. Había tenido rollos y líos, pero nunca nada serio. Creía que ya era hora de encontrar a su alma gemela, a su media naranja, a alguien con quien compartir momentos felices y momentos duros, alguien por quien sufrir.

En ese momento apareció ella, una chica morena, de tez pálida y unos labios perfectamente pintados de rojo. No imaginaba que esa chica sería una persona vital en su vida, pero presintió que tenía que seguirla cuando vio que cruzaba la calle, y así lo hizo. La siguió hasta que la vio entrar en una casa. Esperó un rato, tal vez no era su casa. Al ver que no salía decidió llamar a la puerta. Abrió una mujer, de unos cuarenta y tantos años, con el pelo castaño y la piel blanca, una mujer muy guapa. Supuso que era su madre, ya que se parecían mucho, con años de diferencia.

La mujer la llamó, chilló: “¡¡Sondra!!”.Ella contestó que ahora bajaba. Sondra, un nombre curioso, peculiar, extraño, pero bonito. Julio observó a Sondra bajar rápidamente los escalones para acudir a la llamada de su madre. Ésta le dijo unas palabras, como unas tareas o algo parecido, la chica asintió y la mujer se marchó.

Sondra fue hasta la puerta y vio a un chico, un chico al que nunca en su vida había visto, pero le empezó a hablar como si se conocieran de toda la vida, con toda la confianza del mundo. Los dos alzaron la mirada y se centraron en los ojos del otro. Un momento de silencio, pero no de esos incómodos, al contrario, era como si al mirarse a los ojos supieran que estaban destinados a compartir algo, a estar juntos.

Entonces Julio abrió la boca y dijo: “Hola, me llamo Julio, no te conozco y tu no me conoces, pero sé que te quiero y que es para toda la vida. No me preguntes cómo, pero lo sé”. Al oír eso, Sondra se abalanzó sobre él y le besó. Unos segundos más tarde, al separarse, ella solamente pronunció cuatro palabras: “Yo también te quiero”. Y se volvieron a besar.